
Entre extensos encinares, protegidas por un círculo de montes y cotos, las parcelas de viñedo muestran cualidades pletóricas. Entre ellas, la capacidad para integrar la aportación decisiva de variedades muy bien adaptadas a las tierras mentridanas.
El resultado son vinos directos y abiertos, inspirados en el luminoso paisaje de nuestras dehesas onduladas.



















